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miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA GENERACION LLANERA DEL TROMPO Y EL YO-YO

Definitivamente que la nuestra es la generación de las transformaciones. Hemos sido testigos de acontecimientos y hechos sorprendentes e irrepetibles, que cambiaron o cambiaran el curso de la historia.
Nosotros, no estuvimos en la Guerra Civil de Abril del '65, ni corrimos delante de los cascos negros en la UASD en los funestos 12 años de Balaguerato post Trujillista, y nuestra memoria histórica comienza con el ascenso al poder de Antonio Guzmán en 1978. Somos la última generación de idealistas Somos la última generación que aprendió a jugar en la calle a las placas, al topa'o, al trepegate, a las bolas, a las gomitas, a correr con una rueda y dos palos por todo el pueblo, que disfruto de bañarse en el Rio Caganche, que tiro anzuelos en la Laguna de Miguel Ángel, en la Cueva, en la Altamiza.
Asistimos a las ultimas misas oficiadas en la Iglesia Vieja en el Parque, los últimos que disfrutaron de las fiestas de los Bravos del Este, que se dieron cita a los domingos familiares en La Charca, en la Cuevita, En la Barra de Macho Pérez, en la Barra de Felito Sabino, Los últimos que asistimos a las funciones del Cine en la calle Vicente Celestino Duarte. Somos esa generación que aclamo a viva voz la participación de Prudencia Ponciano en el Festival de la Voz que organizaba el Show del Mediodía.
Somos la generación que se preparo técnicamente para el futuro en el Instituto Dr. Ciprian Santana, los mismos jóvenes que vieron por última vez las organizaciones MOCULLA, ADEULLA, CLUB DIMENSION 24, ASOCIACION DE LLANEROS AUSENTES, los últimos que leyeron la revista ADELANTE LLANEROS, somos esa generación que asistió al último juego de pelota en San Pedro de Macorís cuando ganamos la primera vez el Torneo Amateur.
Esta generación que se alimento con SOLDADITOS DE CHOCOLATE, que disfruto del Show DEL SHERIFF MARCOS, EL CAPITAN GALAXIA. Somos definitivamente la última generación que escucho por radio las emisiones de la GUARACHITA, que se deleito con los capítulos de KALIMAN Y SOLIN, o que se desvelaba por ver EL HOMBRE INCREIBLE, O LA MUJER BIONICA, EL AUTO FANTASTICO, o tal vez un poco más atrás EL GRAN CHAPARRAL, EL LLANERO SOLITARIO, IVANHOE, GASPARIN, o tal vez vio a JACINTA PICHIMAUIDA, CRISTINA, ENTRE EL PUÑAL Y LA CRUZ, EL CONDE DE MONTE CRISTO, LA LOBA, SOMBRAS TENEBROSAS.
Y es que somos una generación privilegiada, vimos el paso del Cometa Hanlley, la llegada del año 2000 y la crisis del Y2K, somos la primera generación que jugó videojuegos. Fuimos la última generación que conoció a BUCHE en el zoológico viejo, que pudo relajar con la Elefanta MAMI. Somos los chicos que asistieron a los Espectáculos de Menudo, de los Chamos, que aplaudía a millón al MONITO KIQUE.
Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos 'tollos' como: Melrose place o La Novicia Voladora, Lucan el niño Lobo, y muchas otras pendejadas, que gustaron en su momento, pero... vuélvelas a ver, verás que aburrimiento.
Somos la generación de Compañeros, de los Compatriotas, de los Camaradas... Lloramos con la muerte de la Madre Teresa, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer, o las vagabunderías de La CANDY repasando a los primos.
Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso. Nosotros aprendimos primero, lo que eran los comunistas, hasta que se cayó el Muro de Berlin y Gorvachov decreto LA PERETROIZCA en Rusia. Conocimos que era el APARTEI en África del Sur, nos involucramos en las Revoluciones de Nicaragua, El Salvador, Guyana, Angola y otras.
Nos sorprendimos cuando una Becaria le chupo el pito a Bill Clinton; gritamos GO HOME YANKIS, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe en abril del 1965. Escuchamos música en Bitrolas, toca discos, Belloneras, supimos lo que era un disco 45 o sencillo, Vimos los discos LP, las cintas, los cassettes. Somos la generación que uso los primeros celulares, que discutió en las Universidades de La Globalización, de la Reingeniería, de Calidad Total.
Nos emocionamos con Superman, ET, En busca del Arca Perdida, Indiana Jones. La generación a la que le entraba la risa floja cada vez que veían a Freddy Beras Goico, Cuquin Victoria y Boruga en el Show del Mediodia, que se mataba con cualquiera luego de ver LA LUCHA LIBRE y victorial a JACK VENENO. Es que somos la última generación cuerda que ha habido. La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia.  
Nosotros viajábamos en guaguas públicas sin cinturones de seguridad, sin sillitas especiales para niños, sin air-bags, hacíamos viajes de más de 2 horas sin descanso desde Los Llanos hasta Santo Domingo, con cien personas apretujadas en la guagua y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables, salvo el clásico 3 con 15 que dictaban en la Fiscalía. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con Mentiole y unos puntos y al día siguiente todos contentos.
Íbamos a clase con un solo cuaderno y de libros solo el de la profesora si acaso, rara vez íbamos con algún chele pa'l helado, tenemos en el brazo la marca de LA VACUNA TRIPLE (DTT). Sólo nos contagiábamos con Piojos, Conjuntivitis, o Paperas. Fuimos los últimos en usar el Correo y el Telégrafo para comunicarnos.
Sin lugar a dudas, fuimos y somos la mejor generación.

Nolberto Sabino











martes, 4 de septiembre de 2012

UN LLANERO DESTACADO

EMELYN BALDERA
Tomado del Listin Diario 18/07/2008
Santo Domingo.- Cuando Héctor Jiménez, conocido en el medio artístico como “La Batea”, comenzó a estudiar trompeta, nunca pensó que de este oficio viviría, no sólo él, sino toda su familia. Todo comenzó en San José de los Llanos cuando apenas tenía 11 años y desde entonces no ha parado de trabajar.

Lo suyo era la música popular. Antes de dar el salto estuvo en las bandas de música de su pueblo para luego entrar a esta experiencia de los grupos musicales. En definitiva, más de 25 años al lado de su instrumento preferido: la trompeta.

La historia de “La Batea” plasma la vida de muchos hombres y mujeres que descubrieron en la música un modo de vida que los absorbe y, sobre todo, los apasiona, aunque para ello han tenido que sacrificarse mucho. PAG. 10 Las agrupaciones se han nutrido de músicos de todo el país que descubren en lo popular la mejor manera de ganar  dinero.

En muchas orquestas nacionales los músicos tienen más de 30 años, lo que los convierte en una gran familia. Un caso es el de Los Hermanos Rosario, adonde pertenece Héctor Jiménez. Casi todos sus músicos tienen más de 10 años de servicio en la orquesta.

La tarifas de los músicos varía, dependiendo de su destreza y de la orquesta para la que trabajen, además de las presentaciones que tengan. Los Rosario, Eddy Herrera y El Torito son de las orquestas más organizadas en ese sentido.  

Ser músico es un oficio que dignifica y apasiona  “Sin mi no hay fiesta”

Muchos son los hombres que cada día honran la palabra trabajo. En el arte, una parte importante lo son los músicos.  De ellos depende que nuestros ritmos se sigan expandiendo y sobre todo enriqueciendo.

Son diversas las formas a través de la cual un joven o niño se hace músico o aprende a ejecutar  un instrumento, sin embargo en nuestro país, la tierra del sabor, del merengue y la bachata (que ya no se puede obviar), en cada músico hay una historia que escuchar.

Es por ello que en este trabajo presentamos cuatro historias que corresponden a nombres conocidos para algunos y desconocidos para otros, que hacen valer el significado de la palabra trabajo. A Amaurys Colón, Héctor Jiménez, (La Batea), Ramón Aquiles Rosario e Isaías Leclerc, el contacto con la música les cambió la vida hasta el día de hoy.
Héctor Jiménez es el más adulto del grupo y no le da miedo que lo digan. Se inició con apenas 11 años en su pueblo, San José de los Llanos; allí hizo su primer encuentro con el que sería el oficio de toda su vida. La trompeta fue el instrumento con el que hizo química. Su destreza para tocar este instrumento musical lo ha llevado a obtener el título de primera trompeta.

Muchos han sido los jóvenes que se han contagiado con su estilo de tocar, que a él le gusta enseñar. Su paso por orquestas tan importantes como la de Johnny Ventura, Juan Luis Guerra y Los Hermanos Rosario, le ha permitido reunir una experencia interesante en torno a las orquestas y a los diferentes estilos de tocar un buen merengue. Su mayor satisfacción de ser músico es el haber podido lograr la estabilidad económica y así sustentar a sus cinco hijos.

“En un momento pensé en retirarme de esto por el trajin que había que coger pero no pude hacerlo, en realidad uno vive esto que uno hace”, comenta “La Batea”, como se le conoce en el medio artístico. Él ha ido preparando su retiro aunque todavía no sabe hasta cuándo seguirá soplando su trompeta, por eso decidió junto a su esposa, comenzar en el negocio de las medicinas con una farmacia, ya hace un tiempo de eso y ha logrado expandir el negocio con la apertura de una segunda farmacia.

“Realmente he pensado que cuando me retire de la música puedo dedicarme a atender mis negocitos con más tranquilidad”, asegura el primer trompetista que actualmente está hace más de 13 años con Los Hermanos Rosario. Él asegura que ha vivido únicamente de la música, de su trompeta y de alegrar a la gente, pero claro, “siempre y cuando uno esté con una orquesta reconocida y que tenga presentaciones periódicas”.        

Otro que tiene una experiencia rica es Ramón Aquiles Rosario apodado “Papi Rosario”. Aunque muchos no consideren musico a un güirero, él se ha tomado muy en serio su trabajo. Siendo sobrino de los hermanos Rosario estuvo desde el inicio a su lado, cuando todos tenían apenas 11 años y tocaban con instrumentos hechos por ellos mismos.

Quizás un solo año estuvo fuera de la orquesta, pero luego ha estado siempre en ella con su güira. Es padre de cinco hijos y hasta ahora los ha mantenido con sus manos. Su mayor satisfacción ha sido el poder conocer el mundo de manos de la música. Ramón no piensa abandonar su güira por mucho tiempo, aunque ya tiene unos cuantos años.
Isaías Leclerc es un joven músico de Santiago Rodríguez. En su familia la música flechó a muchos incluyendo a su hermano Miguel, mayor que él. A sus 34 años sueña con muchas cosas en torno a la música. Todo lo que es hoy día y tiene se lo ha dado la música y en específico su bajo.

Siendo pequeño era un “fiebrú” y tenía contacto con muchos instrumentos; fue así que aprendió a tocar flauta, piano y bajo. Su decisión de quedarse con el bajo sucedió un día que hacía falta un músico de este instrumento y él dijo que se quedaba tocando bajo.

Tuvo la formación principal en su pueblo aunque posteriormente salió de allá. Hoy día Isaías Leclerc es el bajista de Héctor Acosta; anteriormente fue de Los Toros Band y estuvo en otras orquestas. “Me decidí por el bajo por una necesidad, sin embargo, sin un bajo no hay fiesta”, dice sonriente el joven músico que se abre paso como arreglista.

Son muchos los temas que ya ha arreglado, uno de ellos se convirtió en merengue del año en los premios Casandra del pasado año, su título; “Como me curo”.

La bachata que tanto gustó de El Torito, “Sin perdón”, también tiene sus arreglos. Ahora trabajo como el productor musical de la propuesta de Rafely Rosario. En unos años se visualiza con su propio estudio de grabación y dedicado de lleno a esta área de la música.